Sep 102009
 
Memorias de la anorexia

Sostenida por mi inquebrantable fuerza de voluntad, me mantenía aferrada a mi habitual pose: los hombros encorvados con los brazos tiesos, las rodillas a punto de quebrarse por la tensión y los pies arraigados al suelo como si fueran pezuñas de hierro. Aunque me encontraba envuelta en la más exquisita seda, mi cuerpo no se Lee más